Pasó como cada año, un minuto de silencio, solo uno.
Uno, por los 120.000 (aprox.) muertos de la primera contienda, de una nación la escocesa que en aquella época rozaba los 4 millones de población.
Uno, por los 80.000 de la segunda contienda, cubriendo la retirada en Dunkirk, cargando a través del desierto del Sahara, y caminando entre hambruna, malaria y monzón en Birmania.

La lista, muy larga, empequeñece a cualquier persona...
Uno, por los de las guerras de Paz, en Aden, Suez, Malaya, y donde quisiera que la administración post colonial dijera.
Uno, por los muertos en las Falklands.
Uno, por los que siguen en liza en Afghanistan, tumba de imperios.
Uno, por los que volvieron vivos, pero locos, mermados, minusvalidos por vida.
El 10% de la población británica presente siempre y en primera fila para servir a la nación y aportar el 20% de las bajas.
Ese 10% del UK donde uno de cada 4 niños vive en condiciones de pobreza, país azotado por las plagas de alcoholismo y droga. País que pierde su otrora altísimo nivel de educación gratis y ejemplo de meritocracia. País que entre Tories altivos y chorizos y Socialistas analfabetos, han llevado a la ruina.
País que sigue en pie, no obstante. Y que recuerda, en estas fechas como cada año, los que le precedieron.